CRUZ AZUL BUSCA INICIAR LAS SEMIFINALES ANTE CHIVAS EN LA CANCHA DEL ESTADIO BANORTE
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La ilusión de volver al Coloso de Santa Úrsula se mantiene viva en Cruz Azul. A contrarreloj y entre negociaciones de alto nivel, la directiva celeste trabaja para conseguir lo que hace apenas unas semanas parecía imposible: disputar la ida de las semifinales frente a Chivas en la cancha del Estadio Banorte, el antiguo Azteca, antes de que el inmueble sea entregado oficialmente a FIFA rumbo a la Copa del Mundo de 2026.
Dentro de La Noria reconocen que el escenario es complejo, pero no imposible. La Máquina empuja hasta las últimas instancias para obtener el visto bueno de la Liga MX y de FIFA, con la esperanza de que el partido pueda celebrarse el próximo miércoles 13 de mayo en Santa Úrsula. La decisión, sin embargo, permanece sobre la mesa de los organismos involucrados y todavía no existe una resolución definitiva.
El panorama depende también de otro actor: Pumas. El conjunto universitario, tras finalizar en la primera posición, posee la ventaja reglamentaria de elegir qué día abrir y cerrar su serie semifinal ante Pachuca. Y aunque nada está garantizado, en Cruz Azul se aferran a una costumbre que podría beneficiarles: históricamente, el cuadro auriazul suele disputar sus encuentros como local los domingos. Esa pequeña ventana alimenta la esperanza cementera.
La urgencia tiene una explicación poderosa. El Estadio Banorte debe ser entregado próximamente a FIFA como parte de los preparativos mundialistas, situación que limita cualquier actividad adicional en el inmueble. Cada partido autorizado representa una negociación delicada entre logística, calendarios y compromisos internacionales.
Pero Cruz Azul insiste. Después de agotar las entradas en la serie de cuartos de final, el club considera que el respaldo de su afición puede convertirse nuevamente en un factor decisivo. El ambiente vivido recientemente en Santa Úrsula dejó una impresión profunda dentro del fútbol mexicano: una grada ensordecedora, un estadio vibrando de principio a fin y una presión ambiental que, según describieron algunos protagonistas, “hizo temblar” al recinto.
La intención de La Máquina es clara: convertir el estadio en una fortaleza incómoda para Chivas y aprovechar el impulso emocional de una afición que ha recuperado la conexión con su equipo en el momento más importante del torneo.
Por ahora, todo permanece en suspenso. Entre la Liga MX, FIFA y la compleja agenda del fútbol mexicano, el deseo de Cruz Azul de volver a casa depende de una última autorización. Y mientras el reloj avanza, en Santa Úrsula todavía persiste la posibilidad de una noche más de semifinales.




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